“Bonita”: los últimos llantos de una cachorra abandonada entre la basura en Arequipa

La noche ya había caído sobre la urbanización Alameda Salaverry, en el distrito de Miraflores. Entre bolsas negras, restos de comida y el ruido cotidiano de los contenedores de basura, algo comenzó a escucharse. No eran ladridos, sino quejidos débiles, un llanto desesperado.

Los vecinos primero pensaron que se trataba de algún gato atrapado o de un animal callejero buscando comida. Sin embargo, el sonido era distinto: era un gemido de dolor. Cuando se acercaron al contenedor, encontraron una bolsa moviéndose. Dentro estaba una cachorra husky siberiana.

Tenía una bolsa atada en la cabeza, jadeaba y apenas podía respirar. Sus ojos reflejaban terror mientras su pequeño cuerpo temblaba intentando sobrevivir entre los desperdicios donde alguien la había arrojado todavía con vida.

Los vecinos corrieron para auxiliarla. Intentaron sacarle la bolsa, darle aire y calmarla, pero ya era demasiado tarde. La cachorra murió minutos después.

La llamaron “Bonita”.

Su muerte no solo provocó indignación, también abrió nuevamente una herida que Arequipa parece no terminar de enfrentar: la crueldad animal. El horror detrás de la bolsa

Con el pasar de las horas, el caso comenzó a revelar detalles aún más estremecedores. La necropsia practicada al animal determinó que “Bonita” no solo murió por asfixia. Su cuerpo presentaba múltiples hematomas y una fractura en la mandíbula, evidencia que apuntaría a una agresión previa antes de ser abandonada dentro del contenedor.

Para los rescatistas y vecinos, no se trató de un abandono cualquiera. Alguien quiso deshacerse de ella y lo hizo mientras todavía estaba viva.

La organización animalista HOPE — Asociación de Protección y Bienestar Ambiental – Animal acompañó la denuncia presentada junto a la testigo que encontró a la cachorra agonizando. Desde entonces, colectivos animalistas y ciudadanos exigen justicia y sanciones ejemplares para los responsables.

Pero el miedo no termina ahí. Según denunciaron vecinos y activistas, en la vivienda vinculada al caso aún habría más animales viviendo en condiciones de riesgo, entre ellos el hermanito de la cachorra fallecida.

Lo que grabaron las cámaras

Las cámaras de seguridad de la Municipalidad de Miraflores captaron a una persona arrojando un costalillo o un bulto al contenedor de basura horas antes de que la cachorra fuera encontrada.

Las imágenes ya fueron entregadas a la comisaría del distrito para las investigaciones correspondientes. De acuerdo con el horario registrado y el tiempo en que el animal fue hallado agonizando, se presume que la persona captada podría estar relacionada con el hecho.

Mientras avanza la investigación, asociaciones animalistas continúan reuniendo pruebas y testimonios para evitar que el caso quede impune.

“Vamos a seguir firmes hasta esclarecer lo ocurrido”, señalaron desde HOPE.

Los vecinos todavía recuerdan los gritos

Quienes estuvieron aquella noche aseguran que hay algo que no logran olvidar: los sonidos. El jadeo desesperado, los lloridos ahogados y la angustia de un animal luchando por respirar dentro de una bolsa de plástico.

Algunos vecinos intentaron auxiliarla improvisando agua y buscando ayuda veterinaria. Otros grabaron videos y tomaron fotografías con la esperanza de identificar a quien la abandonó. Pero la cachorra no resistió.

Su muerte generó una ola de indignación en redes sociales y reavivó el debate sobre el abandono y maltrato animal en Arequipa, donde colectivos denuncian que estos casos son cada vez más frecuentes y muchas veces terminan archivados o sin sanción efectiva.

Una ciudad golpeada también por el abandono animal

El caso de “Bonita” no fue el único. Días después, otro perro murió tras permanecer abandonado en inmediaciones de las calles San Juan de Dios y Salaverry, en el Cercado de Arequipa. El animal presentaba una grave infección parasitaria y un delicado estado de salud.

Ambos casos provocaron preocupación entre organizaciones animalistas, que cuestionan la falta de fiscalización y exigen políticas más firmes contra el maltrato animal.

Mientras tanto, en la urbanización donde encontraron a la pequeña husky, muchos vecinos siguen pasando frente al contenedor con la misma sensación: la de haber escuchado los últimos llantos de un animal que solo quería vivir.

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